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III. Quién dice que no se puede

Artículos

  1. Historia y Características del trabajo de canalseisdejulio
  2. I. Video-casseteras y democracia
  3. II. Pesimismo coyuntural
  4. III. Quién dice que no se puede
  5. IV. Objetividad
  6. V. Que 15 años no es nada
  7. VI. Documentales, noticieros y bostezos

    Aquí, un apartado para reconocer la benevolencia de quienes etuvieron al frente del gobierno de la República hasta el año 2000:
    Cualquier ciudadano podía realizar videos que criticaran al gobierno. También podía hacer copias de sus videos y venderlas; eventualmente podía ganar algún certamen organizado por el Conaculta, y darse a conocer un poco. A cambio se encontrará con sorpresas ligeramente desagradables: discretos intentos de soborno al jurado que le otorgaría el premio del Conaculta, mensajes amenazantes en la contestadora telefónica, y uno que otro asalto a su estudio u oficina. Cuando el ciudadano supuso que su video podía pasar por la tele encontró que es más fácil que pase un camello por el fax de la secretaría de Gobernación. Pero fuera de eso, el ciudadano saldrá vivo de la aventura porque el gobierno de la República es profundamente respetuoso de la libertad de expresión.

    En la breve historia del video político en México es posible encontrar la huella de la intolerancia gubernamental. Carlos Monsiváis escribió sobre la expe-riencia de canalseisdejulio. “No solo se niega el acceso a la televisión, se quiere también vedar el paso a las video-casetteras, desmentir las imágenes, borrarlas, anularlas, en otro acto paroxístico de la mentalidad autoritaria”. Ciertamente canalseisdejulio ha conseguido crecer, alcanzar la autosuficiencia financiera y técnica, sobrevivir por espacio de quince años, e infrigir un par de derrotas símbólicas a la omnipotente televisión mexicana. Sin embargo, en la propia televisión está la clave. Cuando Monsiváis afirma “no solo se niega el acceso a la televisión”, lo que hace es poner el acento en el tema central. ¿Por qué es imposible que canalseisdejulio acceda a este medio?. ¿Por qué toda propuesta ajena a los valores políticos, morales y estéticos que cultivan los propietarios de las televisorsas está condenada al veto?. Las respuestas son obvias y conducen a temas como el régimen de concesiones vigente para los medios electrónicos, la imagen que se considera como mercancía, la dependencia mutua entre empresarios de la televisión y propietarios del poder político, pero también aluden al instinto excluyente que guía a propietarios y trabajadores distinguidos de este medio. Lo mismo los tradicionales que los novatos. “Prohibido el paso a toda persona pensante ajena a esta empresa”, parece ser el punto número uno del decálogo de todo operador de la televisión mexicana, lo mismo del canal 2 que del 13, del 22 o del 40. Al parecer las directivas de todas las televisoras, están tan satisfechas de sus productos que no conciben asomarse al video que se produce fuera de sus instalaciones, no les importa lo que propongan cientos de egresados de las escuelas de cine y comunicación, ni los artistas independientes. Para ellos pueden haber vacantes en áreas técnicas, o en algun espacio para la talacha gris, pero sus potentes detectores de ideas de inmediato fulminan todo aquello que desentone con sus pobres parámetros de producción televisiva. A quienes trabajamos en canalseisdejulio nos abisma un presentimiento: seguramente no hemos logrado la calidad excelente de programas como los que anuncian cremas para reducir el abdomen; probablemente nunca podamos igualar un sketch de los que protagonizan los monigotes de peluche. Tal vez si le echamos ganas...algún día.

    Toda empresa tiene derecho de elegir a su personal y aventurarse por los caminos que mejor le parezcan, sin embargo cabe preguntarse si un empresario tiene derecho a reemplazar en la práctic, a la secretaría de Educación Pública, a imponer tarifas alucinantes a sus tiempos publicitarios (cerca de 900 mil pesos el minuto) o de torcer de acuerdo a sus intereses la información que recibirán millones de personas. La televisión, principalmente la llamada “abierta”, es una fuente ilimitada de poder político y económico. Ponerla en manos de empresas comerciales -mercaderes los llamó algún periodista- es un crimen cultural y social. El investigador italiano, Giovanni Sartori, afirmó que poner la televisión en manos de sus actuales propie-tarios es como otorgar poder a un chimpancé.

    El hecho de que millones de mexicanos no tengan otra fuente informativa que la televisión, el hecho de que sus hijos -otro montón de millones de personas- pasen más horas frente a la pantalla chica que en las aulas, y que el medio en el que mayoritariamente se entretiene el mexicano sea precisamente la televisión, debería obligar a normar con nuevos criterios tanto su régimen de propiedad, como la orientación de los contenidos en su programación.

    Que la televisión mexicana esté tan lejos de ser el espejo donde se refleja la diversidad del país, es una expresión fundamental del fracaso de la sociedad tras 15 años de luchar intensamente por cambiar de régimen y, lo peor, tras aparentemente conseguirlo al llevar al triunfo electoral a Vicente Fox.

    No obstante Fox le salió a sus partidarios más papista que el Papa y es el principal defensor de Televisa y TV Azteca en su estado puro. Esperar cambios sustantivos en el régimen de concesiones de la televisión o aguardar medidas oficiales que obliguen a las televisoras a abrir espacios ciudadanos, es como esperar que otro camello pase por el hueco de la sortija nupcial que Fox le colocó a la señora Marta.

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